Da vida a tus ideas y termina tu novela ¡ya!

Cuando le cuento a amigos o compañeros de trabajo que he publicado tres novelas no es raro que alguno me confiese que tiene una guardada en el cajón sin terminar o que tiene ideas para una novela que no se anima a escribir. Tal vez, con mi experiencia, pueda aportarles algo.

 

En lo que no puedo ayudar y no encontrarás aquí son las claves para el próximo best seller. Me temo que no sé cómo se crea y yo solo escribo porque me entretiene. 

Escribe solo para ti

La primera novela que escribí, Palabras inventadas, lo hice con toda la intención de que nadie la descubriera jamás. Después me animaría a presentarla a un concurso literario, pero créeme cuando digo que la creé solo para mí. No he vuelto a escribir con esa sensación de libertad nunca. 

 

Ahora cuando escribo, me acecha a veces el pensamiento de "¿esto le gustará al lector?" y tengo que reorientarme. Porque yo no escribo best seller, ya lo decía al inicio; escribo porque disfruto con ello y no me obsesiona si a la mayoría le gustará.

Tal vez sea un error hacerlo así. Sin embargo, mantengo mi consejo porque creo que si escribes pensando en quién lo leerá en vez de disfrutando con libertad y sin prejuicios de tu imaginación, disfrutarás mucho más de ello. Y si disfrutas de ello, no me cabe duda de que terminarás tu novela.

No te desanimes

Ayer adelantaste dos o tres páginas de tu novela, estás muy satisfecho con lo que escribiste y sientes que es de una gran calidad literaria. Hoy te levantes, las relees y piensas "¿pero en qué estaría pensando para escribir esta ***?".

Es normal desanimarse y ser más crítico contigo mismo de lo que sería otra persona (algo así como veinte mil veces más críticos, pero solo eso); sentir que todo lo que ayer te parecía maravilloso hoy no tiene valor. No te desanimes, es una carrera de fondo. Deja de lado esos párrafos que hoy no te convencen y continúa escribiendo. Léelos de nuevo dentro de un mes y ya verás cómo cambias de opinión.

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Vive rodeado de tus personajes

Deja que te invadan, despierto o dormido. Que te sorprendan contándote secretos de su vida que aun ni habías pensado mientras das un paseo. Piensa en ellos, llámales, escúchales. Tus personajes tienen que rodearte de tal forma que rasgos suyos te recuerden a personas con las que hablas o que, incluso, te cruces con alguien por la calle y decidas que esa es la forma de la nariz que le vas a poner a tu protagonista. El caso que siempre recuerdo es el de La extranjera. Tenía bien definidos los dos primeros capítulos y me estaba costando mucho conseguir un final con el tercero. Un día, corriendo por el Templo de Debod en Madrid, algo hizo clic en mi cabeza y comprendí que la solución del tercer capítulo estaba en un cuento que había escrito años antes titulado Páginas en blanco. 

 

Si tus personajes no te rodean, es probable que la novela no te esté enganchando a ti mismo. Si esto es así, replantéate si estás escribiendo lo que te gusta a ti o te estás traicionando. 

 

Para esos momentos en que te acechan tus personajes sin permiso, te recomiendo llevar una libretita contigo y anotar las ideas que surjan. Ahora que somos tan tecnológicos el móvil puede serte útil, pero yo creo que el hecho de tener la libreta motivará más a tu imaginación. 

Tiempo de calidad

Hubo una temporada en que estuve sin escribir mucho tiempo, por diversos motivos. Uno de ellos era que tenía una fuerte carga de trabajo y cuando llegaba a casa los viernes por la tarde no tenía ganas de levantarme del sofá. Disponía de horas libres para ponerme a escribir, pero no eran horas de calidad.

 

No es lo mismo tener tiempo libre que tiempo de descanso. Si no puedes disfrutar de un tiempo libre de calidad en el que estés descansado, es difícil que tengas ganas de ponerte delante de un ordenador a escribir. En alguna ocasión yo he escrito con poco tiempo de calidad, pero siempre ha sido cuando me encontraba en la fase final de la novela o en un momento de la misma que me tenía completamente absorbida y estaba deseando llegar a casa para dejarlo plasmado. Excepto en esas ocasiones, lo habitual es que escriba cuando me siento con energías.

 

¿Rituales?

Yo no los tengo. Me gusta escribir en sitios determinados, pero puedo hacerlo en cualquier parte. Si a ti te ayuda a concentrarte el seguir una rutina - prepararte un café antes de escribir, hacerlo en un sitio concreto, establecer un tiempo mínimo, estar en silencio- asegúrate de que sea una fácil de conseguir. No tiene sentido ponerte unas normas para escribir que luego te sean complicadas. Por ejemplo, si tu norma es que la casa esté en total silencio cuando tienes cuatro hijos, tendrás que levantarte a las cinco de la mañana. Si no te gusta madrugar, acabarás dejando el hábito. Identifica y aprovecha momentos, no necesitas que todo sea perfecto para enfrentarte a una página en blanco. No es la peor batalla que vas a lidiar en tu día.

 

Lee mucho

En una ocasión leí que un escritor tiene que leer más de lo que escribe. Creo ciegamente en esta máxima. Eso sí, a mí me pasa algo curioso. Cuando me embarco en una historia, decido leer novelas o relatos cortos que sepa (o crea saber) que no me van a enganchar demasiado. Si eso pasa, ¡es más fácil que cuando llegue a casa me ponga a leer la novela de otros que a escribir la mía!

 

En conclusión, disfruta con lo que estás haciendo y pon en ello tu pasión, imaginación y ganas. La novela saldrá por sí sola. 

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