I. Luxor

Ofrenda a Horus
Ofrenda a Horus

Nos avisaron de que la primera jornada sería la más dura, pero resistimos muy bien llevados por la emoción.

Antiguamente conocida como Tebas, Luxor tiene mucho que ofrecer y no queremos dejar nada por el camino, así que iniciamos la ruta en el mismo Templo de Karnak. En primer lugar paseas por la avenida del templo, flanqueado por esfinges a ambos lados que con recelo protegen su templo. Al acercarte, dos pilonos dan la bienvenida al visitante para permitirte adentrarte en el propio templo, rodeado de altas columnas, estatuas y el impresionante obelisco de la reina Hatsepsut. En todas las paredes hay diversas imágenes, ya sea Tutmosis III o Amenotep IV.

Igual de impresionante y con un estilo similar es el Templo de Luxor, a unos pocos minutos en autobús. A diferencia del anterior, las esfinges no han podido resistir el paso del tiempo, aunque quedan huellas de su vigía e incluso alguna permanece en pie. También nos adentramos superando los dos pilonos y situándonos en un laberinto de columnas, saludados por los colosos de Ramsés II, quien ordenó la construcción. En esta ocasión, las paredes están mayoritariamente dedicadas a sus batallas y sus ofrendas a los dioses. 

Continuamos el trayector en nuestra motonave ahora sí fuimos conscientes de la magnitud del Nilo- y después en autobús para ir al Valle de los Reyes. Curioso nombre para denominar lo que no deja de ser un enorme cementerio con más trampas que verdades. Las tumbas de los reyes se ocultan en una montaña arenosa donde el sol abrasa. Descansan bajo tierra, señalados con un pequeño y viejo cartel de madera inscrito con el nombre de quien había planeado enterrar ahí su cuerpo, aunque no su alma. Afortunadamente la bajada a la profundidad de estas tumbas está acondicionada, con escalones de madera y una barandilla. El pasillo, demasiado corto, lleva a una pequeña cámara de cinco metros cuadrados donde puedes disfrutar de la calidad de las pinturas que aun permanecen, no así los sarcófagos o tesoros. Al salir y respirar aire nuevo nos hacemos una pregunta: ¿cómo pudieron adentrar el sarcófago por ese pasillo que nos pareció tan pequeño y el resto de tesoros?

La próxima visita es el Templo de Hatshepsut, poderosa faraona en su tiempo aunque sus descendientes quisieran borrar su memoria - como era habitual entonces. 

Su templo es completamente distinto a todos los que se pueden ver en Egipto, construido a tres alturas distintas y con cientos de escalones- sorprende por su originalidad. Al igual que los anteriores, son templos al aire libre. 

El día culmina en los los colosos de Mennon que representan a Amenhotep III sentado en medio de la nada y desmejorado por el paso del tiempo. Aquí finaliza el día turístico, volviendo entonces a la motonave que hará las funciones de hotel hasta nuestro penúltimo día del viaje. No llega a la una de la tarde cuando el barco comienza a poner rumbo al sur. 

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