III. Nubia, El Cairo, las pirámides

Nubia

El quinto día ofrece un viaje a un pueblo nubio, los vulgarmente llamados gitanos de Egipto, que no perdona ningún tópico turista. Desde el trayecto en camello, pasando por el baño en las aguas del Nilo, hasta la visita a una casa nubia con asiento para tantos turistas quieran entrar, amenizada por té típico y un baile de una chiquilla de quince años. Obviamente visitamos también la escuela y el mercadillo con las correspondientes gorras para recoger donativos. 

Por la tarde finalmente cogemos el vuelo rumbo a la caótica ciudad de El Cairo y nos despedimos del Nilo.

Las pirámides

No creía que me fueran a impresionar tanto, pero eso no quita que no tuviera curiosidad. Y no es hasta el sexto día que por fin tienen compasión de esta curiosidad y visitamos las famosas pirámides. La única de las siete maravillas de mundo que es - de momento- imperecedera, se alza sobre 150 metros en una base de cinco hectáreas. Para conocerlas por dentro, podemos adentrarnos en la pirámide de Kefrén donde un estrecho pasillo con circulación en doble sentido desciende a una pequeña cámara vacía. Cada centímetro que se desciende tiene relación inversa con los grados de temperatura que ascienden.

Y la belleza del lugar se completa con la impresionante esfinge.

Es una película, una de las miles que hemos visto miles de veces, pero no. No es un escenario de cartón y papel, es de verdad. 

El Cairo

El primer y único día que tuvimos libre lo dedicamos al Museo, como no podía ser de otra forma. Es una visita espectacular a pesar de la falta de cuidados que tenía entonces, no quiero saber cómo estará ahora.

Lo que más llama la atención es el tesoro de Tutankamón, un faraón muy famoso hoy en día pero con poca trascendencia en su época. Quien no pasó inadvertida entonces ni ahora es Ramsés II. De alguna forma, su momia sigue imponiendo como tuvo que hacerlo en vida. A pesar de yacer en una vitrina momificado, se leen perfectamente sus facciones y porte.

Por conocer su historia, a mí también me llamó mucho la atención la estatura de Akenatón. Esas facciones tan curiosas, su rostro alargado, un hombre con rasgos femeninos pero masculino... hipnotizante. El faraón que quiso venerar como dios único a Atón en una religión politeísta. No gustó su decisión a los poderosos monjes. Su hijo, inicialmente llamado Tutankatón, cambió su nombre a Tutankamón para venerar nuevamente al dios Amón y todos los demás. 

El viaje finaliza, los recuerdos no. Ojalá pudiera volver pronto sintiéndome segura, es un viaje mágico que recomendaría como mínimo, una vez en la vida. Y si puedes, veinte más. 

 

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